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El Viaje astral. ¿Vivimos solamente dentro de cinco sentidos? Interesante reflexión

Fue una tarde de Junio posiblemente en el 2004, Sanlúcar la Mayor es una localidad a veinticinco kilómetros de Sevilla más o menos, había visitado a un cliente,  tenía el automóvil en el taller y me había desplazado en  autobús. Cuando terminé mis gestiones volví a la parada de bus para regresar a la oficina o a casa, según la hora que llegara a Sevilla.

blake.advaitanodualidad.blog(Litografías William Blake)

El sol daba de lleno y la triste marquesina no protegía nada de sus rayos, a unos treinta metros había una casa de dos plantas, debajo se encontraba un banco de hierro,  esta casa y dos tres árboles estratégicamente colocados hacían que fuera el único lugar de sombra  en la larga travesía.

En el banco había sentada una joven de unos dieciocho  años, quizás menos, estaba vestida de negro, con rostro aburrido me recibió esbozando una  mueca de sonrisa forzada cuando le di las buenas tardes.

-Se acaba de ir -me dijo-, cuando yo llegaba, el autobús salía. El siguiente no pasa hasta dentro de una hora.

Miré el reloj de pulsera eran las 19:05, entre una cosa y otra hasta las ocho y media de la tarde no llegaría a Sevilla. Me puse las manos en la cabeza y estiré las piernas relajándome, ya había acabado la tarde de trabajo.

No corría aire y si se movía una hoja de un árbol, esa leve brisa arrastraba más calor aún.

-Cuando salí de la “Estación de Plaza de Armas” a las cinco, el termómetro marcaba 39º a la sombra -dije y chica y movió la cabeza-.

-Yo porque voy a hacer un examen si no, no salgo  a la calle.

-¿Cómo vas de negro con la que está cayendo?, el negro absorbe el calor más.

¿Es que soy Emo?

-Yo, José.

-Se rió, no, “Emo” es el nombre de mi tribu urbana.

-Ah, pues pareces “Gótica”.

-No, los Emos estamos tristes por dentro y alegres por fuera -no tenía muy claro que es lo que me había dicho-.

Pasaron unos cinco minutos sin que mediáramos palabras. La conversación la reiniciamos con algo trivial, le pregunté que estudiaba,  pasado diez minutos estábamos hablando de viajes astrales, la joven, que se llamaba Aurora, resulta que era una experta en viajes astrales.

¿Un viaje astral?

Me he acordado aquella conversación porque me explicó una técnica que  ella la denominó como “el columpio”, la pasada noche la recordé y de una manera espontánea la apliqué, y sin ningún esfuerzo estaba volando, el cuerpo físico se encontraba en la cama y mi consciencia en  el cuerpo de deseos.

En el momento de “despegar” sentí miedo pero seguí hacia adelante, estaba en un lugar gris sin ninguna gracia ni significancia. Y pedí  conocer algo interesante, ver un maestro, algo que se saliera de lo usual.

Se me ofreció viajar a vidas pasadas, y mi forma, por no decir cuerpo, empezó a cambiar, pero me negué, eso no me interesa dije o pensé: mis vidas pasadas son muy aburridas.

Entonces mi cuerpo se convirtió en un remolino, o un vortice, era como volver atrás el viaje a vidas pasadas y se me invitó a salir del viaje astral o quise salir, no lo tengo muy claro, abrí los ojos.

Volviendo a Aurora; una vez pasado media hora hablando con ella, le notaba algo extraño, como un halo de ausencia por decirlo de alguna manera, era como si mantuviera la conversación sin pasión, ¿vacía de sentimientos y emociones?, era como si se conectara y se desconectara del presente, igual que se apaga y se enciende un interruptor de la luz.

Unos años después le  comenté a un amigo ese estado de ausencia de Aurora y me refirió que hay personas que hacen viajes astrales y se quedan colgados entre el astral y el físico.

Mi amigo pertenecía a un grupo “Hermético”. Me refirió el caso de un compañero suyo, que era aficionado a hacer viajes astrales. La madre lo encontró extremadamente apático y tras ser visitado por médicos, a petición del joven pidió que fuera a verlo el “maestro” del grupo hermético.

Según me contó mi amigo, tras un día muy difícil consiguió bajarlo del astral porque se había quedado colgado allí. Me contó que esto ocurrió allá a mediados de los noventa y que le dio la impresión que el joven se había quedado “con un plomazo dado”, este tipo de expresión viene a decir que no estaba bien. No lo volvió a ver más, el joven se retiró del grupo hermético.

¡Cuidado con lo que se encuentra en esos estados de conciencia!

Según entiendo por las explicaciones que he ido recopilando a lo largo de los años, puede ocurrir que cuando se adentra en estos estados de conciencia, si no se está lo suficientemente cualificado y mejor dicho enseñado llamese por un maestro o experto, se pueden producir “agujeros” en los subcuerpos etéricos creando desajustes mentales, similares a los que pueden producir las drogas o el alcohol.

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Aunque me interesa todo lo que sea esotérico y filosófico, siempre he andado con pies de plomo y, adrede, he tenido brevísimas introducciones en el mundo astral.

No obstante, recuerdo perfectamente en una ocasión que tras una serie de ejercicios que hice por mi cuenta y riesgo durante varios días, por contar algo simpático, fui a beber agua y de pronto miré los pies y digo: -¿y mis pies?, comprendiendo que mi cuerpo no se había movido de la cama.

Desistí de hacer más esos viajes, porque algo moví en mi organismo que en una ocasión tuve que ser llevado a un ambulatorio donde se me inyecto un calmante para paliar un terrible dolor en el estómago, que achaqué a aquellos experimentos personales.

Por otro lado conocí no hace mucho a un señor que me pareció muy equilibrado, perteneciente a los gnósticos, el cual animaba a esas prácticas porque decía que en esos mundos se puede encontrar a seres más evolucionados.

Sobre este punto pongo alguna objeción, se puede encontrar seres evolucionados, sí, pero también te puedes encontrar a seres muy bajos, por eso creo que hay que para entrar en el pránico, astral o mental, siempre hay que ir con mucho cuidado y, si es posible de la mano de un maestro.

Me despedí de Aurora y nunca supe más que sería de aquella chica, no cabe duda que tenía algo especial.


 

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