Relato corto sobre la muerte, ¿y después qué?

José A. Vázquez del Águila          advaitanodualidad.blog
“Polvo serán, más polvo enamorado”

Termina de esta manera el famoso soneto de Quevedo, en este relato corto, el autor indaga sobre el amor más allá de cualquier estado físico, en ese lugar llamado Muerte.

“EL VENDEDOR DE SUEÑOS

No vengo de otro país, aunque tampoco soy de esta tierra. Procedo de otro mundo, de ese mundo que solo conocen los que se fueron para siempre; de ese mundo que transforma en fantasmas vivos a los muertos. Mientras acá moré, tal cual vosotros vivís ahora, jamás soñé con fabulosas herencias, privilegios o prebendas. Sin embargo a nadie conocí más feliz durante largos años.

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Amaba yo por entonces a una mujer con tan disparatado transportamiento, que mil vidas, de tenerlas, hubiese sacrificado por aspirar su aliento, por mantener en mis  ojos su mirada o por oír cercano el susurro de su voz.

 ¡Cuánto más, si de ella hubiese obtenido un amoroso abrazo!, ¡oh qué decir de un beso!

El éxtasis supremo ni siquiera llegué a imaginarlo. Era una estrella tan remota para mis manos que pensamiento y corazón se conformaban con adorar a una diosa.

Nunca mi amor fue confesado, aunque ella sabía que nadie como yo la amaba. Jamás se acercaron nuestros cuerpos, pero nunca hubo dos espíritus más estrechamente unidos. ¡No viví un solo día sin suspirar por ella!, ni una sola noche sin soñar con su cuerpo y con su alma.

Contaba como perdidos, los escasos instantes que no era la dueña de mi mente y, me parecía habitar en el paraíso tanto cuando mis delirios la situaban a mi lado, como cuando el azar felizmente nos reunía.

Esporádicos encuentros, avivaban una llama inextinguible que mantenía su ardor para esperar su siguiente aparición, en mi camino. Desviaba yo éste a veces con astucia y prudencia a fin de hacerlo coincidir con el suyo y en esas ocasiones mi corazón se encabritaba, latiendo apresuradamente. Pero nuestros andares  se cruzaban siempre y una y otra vez nos alejábamos.

Nuestros destinos bien pudieran confundirse con notas de un mismo pentagrama, el paralelismo de cuyas líneas impidiera la eternamente anhelada y nunca conseguida unión. De esta manera vivía yo, feliz amando lo imposible, cuando el destino precipitó un final que la mayor fantasía no hubiera concebido.

Mi amor, o mejor dicho, el objeto de mi amor se alejó del mundo de los vivos. Desaparecido el motivo de mi existencia mi mente enloqueció. ¡Y solo me mantuvo en vilo un tiempo la ansiedad de descubrir qué habría tras cruzar los umbrales de la muerte!

Poco tardé en abrazar el más allá. Corrí hacia los confines del cielo buscando el brillo del lucero adorado, porque… ¿dónde lo encontraría sino cercano a Dios o confundido con Él? Mi asombro no tuvo límites. Mi amor no estaba en el cielo. Me hundí, pues, en las tenebrosas negruras del infierno y por allá vagué, de caverna en caverna, de sima en sima, entre horribles espectros y abrasadoras llamas, hasta encontrar a mi gloria en el averno.

¡Y mi alma volvió a saborear la felicidad! ¡Nunca soñé mayor placer que repetir en el tormento de la muerte la dicha que en la vida tuve!

Más he aquí que mi infortunio ha vuelto. Satanás no puede permitir la felicidad en sus dominios y he sido expulsado con caras destempladas.

 ¿QUIÉN PUEDE, POR PIEDAD, MANDARME DE NUEVO A LOS INFIERNOS?

Comentario

Desde Advaitanodualidad.blog: no quiero dejar escapar la oportunidad de comentar este texto de Vázquez del Águila, que forma parte de un libro que según nos cuenta todavía inconcluso.

En el texto aparece tres personajes El amante, la amada y una figura que siempre es denostada pero aquí aparece como repartidora de justicia, Satán. El amante que arde en deseos de estar con su amada es separado nuevamente de ella.

La inconografía es totalmente cristiana Cielo, Tierra e Infierno, tres estados mentales o físicos, sin embargo se encuentra claramente la simbología griega del Mito de Perséfone. Aunque los roles de masculino y femenino pueden estar cambiado quizás entrando en ese estado en el que el alma no tiene sexo.

Para finalizar decir que el amante entiende que lo que entiende por felicidad no es lo que entiende las “Leyes del Universo por felicidad”, y clama al final piedad por que se cumplan sus pasiones. ¿Una buena pregunta sería que son las pasiones?

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